Me costaba andar.
Tenía mis dos pies, mis dos calcetines y mis dos zapatos, y con los cordones bien atados, pero me costaba andar barbaridades.
Puede que pesaran demasiado todos esos sentimientos, ¿quién sabe?
Y eso que hacia buen tiempo.. Pero a mí me costaba andar barbaridades. Como si hiciera mucho viento pero sin viento y mucho sol.
No me dolía nada, nada físico creo, pero me costaba andar barbaridades.
Era como cuando al despertar: se está tan bien en la cama que levantarse es un mundo entero. Pues aquello era igual pero justo al revés, justo todo lo contrario.
¡Dios, me costaba andar barbaridades!

